sábado, 11 de abril de 2015

Monasterio de Sant Benet de Bages. Cataluña


Introducción

En plena comarca del Bages, centro neurálgico de Cataluña, el Monasterio de Sant Benet de Bages se ubica a unos 70 kilómetros al norte de Barcelona y a apenas una decena de Manresa, a orillas del río Llobregat y a medio camino entre las localidades de Navarcles y Sant Fruitós, término municipal este último al que pertenece.

Se trata de uno de los monasterios más relevantes de Cataluña tanto en lo artístico como en lo cultural, llegando a despertar entre los años de la llamada "Reinaxença" gran interés entre los intelectuales catalanes, hasta el punto de que tras caer en manos de la importante familia Casas, fue el propio Josep Puig i Cadafalch quien dirigió sus obras de restauración.

En la actualidad, tras ser adquirido en el año 2000 por la Caixa de Manresa, forma parte del conocido como complejo Mon Sant Benet, inaugurado en 2007 y destinado a función hostelera, recreativa, cultural y divulgativa de la historia monacal.
Breve aproximación histórica
La repoblación cristiana de la fértil vega del Llobregat se remonta a los años de Wifredo el Velloso (último cuarto del siglo IX), una empresa que continuarían sus sucesores en décadas posteriores a través del patrocinio de una serie de fundaciones monásticas entre las que destacaría Santa Cecilia de Montserrat y la que nos ocupa de Sant Benet.

La fundación de Sant Benet se debe concretamente a un personaje de nombre Sala, emparentado con los Vizcondes de Osona tras su casamiento con Ricarda. Este matrimonio, tras una visita a Roma junto a otros notables del momento en la que traen unas reliquias de San Valentín, funda Sant Benet hacia el año 950, aunque la iglesia no sería consagrada hasta un 3 de diciembre del 972 como acredita un documento conservado.
 
Tras ser arrasado por los musulmanes en tiempos de Almanzor, la labor de reconstruir Sant Benet le es encomendada por Arnulf, Obispo de Vic, al canónigo Ramió, contando además con el apoyo de una bula pontificia promulgada en el año 1017.

Tras un breve lapso de tiempo en que funciona como filial del monasterio francés de Sant Ponç de Tomieres, Sant Benet vuelve a poder del papado dentro de la órbita cluniacense, siendo de nuevo asolado por una escaramuza almorávide en 1105.
 
 
 
 





Tras ser de nuevo reconstruido y consagrado en 1212, el monasterio viviría su periodo de mayor esplendor entre los siglos XIII y XIV, viéndose truncada su influencia por la peste negra de 1348, la cual, dejaría la comunidad reducida a dos monjes iniciándose así un lento declive que culminaría con su cesión al monasterio de Montserrat, a su vez, dependiente de San Benito el Real de Valladolid.

Un pavoroso incendio en 1633 dejó el monasterio muy maltrecho, sobreviviendo a duras penas hasta su definitiva exclaustración con motivo de la Desamortización de Mendizábal en 1835. Poco después pasaría a manos privadas, siendo restaurado en dos ocasiones, la primera por el citado Puig i Cadafalch y la segunda, ya en el siglo XXI, con el fin de adaptar el monasterio a su nueva funcionalidad.


El Monasterio de Sant Benet

Del primitivo monasterio románico de San Benet de Bages tan sola ha llegado a nuestros días su reformada iglesia y su claustro, siendo obras más tardías las dependencias que lo circundan como el dormitorio, la despensa, la bodega y el palau abacial anejo.
 
La iglesia
 
La iglesia monacal es una construcción de una sola nave de tres tramos abierta a un crucero marcado en planta y alzado que da paso a un ábside semicircular. Paralelos a la cabecera principal se disponen, en cada uno de los brazos del crucero, sendas capillas absidiales laterales, las cuales, no son apreciables al exterior ya que el espacio de sus pequeños hemiciclos se limita al grosor del muro.


Queda cubierta la nave mediante una bóveda de cañón ligeramente apuntada reforzada por arcos fajones sobre pilastras que se corresponden con los contrafuertes exteriores, apareciendo hoy en día el espacio cabecero interior considerablemente adulterado debido a una serie de molduras, yeserías y policromías barrocas.

 
Ocupando el mismo espacio que la cabecera, a un nivel inferior y accesible mediante unas escaleras se sitúa la cripta, también profundamente adulterada tras la adición de un falso techo plano pero en la que aún se aprecian los soportes sobre los que descansaban sus abovedamientos.

Al exterior, la iglesia monacal llama la atención por su sencillez, limitándose los recursos ornamentales a la ventana del brazo norte del transepto y a una banda de arquillos ciegos de sabor lombardo que recorre los muros laterales y cabeceros a la altura de las cornisas.

 
Cuenta San Benet de Bages con dos torres-campanario: una en el ángulo suroccidental en la que es perfectamente perceptible a través de las diferencias de aparejo las distintas etapas de su construcción; y una segunda de dos cuerpos de ventanas elevada sobre el arco fajón que separa el crucero y el primer tramo de la nave.
 
Es en la fachada occidental y bajo un desnudo ventanal donde se habilita su portada principal, configurada mediante tres arquivoltas de medio punto sobre columnas acodilladas coronadas por capiteles figurados.


En los capiteles del lado izquierdo de la portada se distingue una composición vegetal en la cesta más exterior, aves entre entramados vegetales en la intermedia, y una curiosa escena doble en la que un hombre es aprisionado por dos leones en la interior.
 
 
Al lado opuesto se repite el esquema de motivos vegetales en la cesta exterior; apareciendo una escena en la que dos leones muerden su propia cola en el capitel intermedio, y en el más interno una curiosa composición en la que unas bocas monstruosas regurgitan unos tallos que son picoteados y mordidos respectivamente por aves y cuadrúpedos.
 
El claustro
 
El elemento del conjunto de Sant Benet de Bages que mayor interés ha despertado desde siempre entre historiadores del arte y aficionados ha sido su claustro románico, adosado al costado sur del templo semiencajonado entre el brazo meridional del transepto y la torre campanario de los pies.

 
Al propio interés que en sí mismo atesora el claustro de Sant Benet, se le suma el especial encanto que le confiere la exuberante naturaleza que crece en su pequeño jardín central, dándole al espacio un toque añadido de romanticismo.

 
El acceso al recinto claustral se abordaba desde el brazo sur del crucero de la iglesia, disponiéndose una bonita portada de una sola arquivolta de medio punto animada con decoración de cestería y que descansa sobre columnas de fuste monolítico y capiteles de cimacio ajedrezado.
 
De los dos capiteles con que contaba la portada, el del lado derecho ha desaparecido por completo, mientras que su cesta contraria presenta una interesantísima decoración en la que identificamos al Señor siendo elevado por dos ángeles que le flanquean.

 
Cuenta el claustro con cuatro pandas conformadas cada una de ellas por dos grupos de tres arcos de medio punto separados entre sí por un potente pilar central justo en el centro de cada crujía.

Los arcos descansan sobre dobles columnas rematadas cada una de ellas en su propio capitel independiente, contándose un total de 64 cestas decoradas en todo el claustro, 16 por panda.

 
Comenzando el recorrido por la panda oriental, justo frente a los vanos que en origen daban acceso a la sala capitular, puede observarse que se trata del sector de mayor sencillez en cuanto a la decoración de sus cestas se refiere, predominando las vegetales, las de entrelazo geométrico y apareciendo residualmente algún animal.

 
Llama la atención un capitel en el que, en cada uno de sus ángulos, aparecen unos curiosos personajes sosteniendo una especie de ramas de palma como si de alas se tratase y con las que, a su vez, parecen esconder su desnudez. Esta escena se repite en uno de los capiteles de la crujía norte.


 
Mucho mayor interés presenta, sin embargo, un capitel reaprovechado que, por sus hechuras y su técnica, parece anterior al resto del conjunto, posiblemente prerrománico. En él, son apreciables en sus cuatro caras un entrelazo, un Pantocrátor, una Anunciación, y una escena en la que un ave susurra algo al oído de un personaje, a cuyos pies, aparece otro postrado de rodillas.
 
Para muchos especialistas, este personaje podría ser San Benito, titular del monasterio; sin embargo, últimamente hay quién señala la posibilidad de que se trate de San Valentín, cuyas reliquias fueron traídas por los comitentes desde Roma, por lo que el personaje arrodillado bien podría ser Sala o su esposa Ricarda, fundadores del cenobio.


 
En la panda sur predominan también los capiteles de temática vegetal, siendo especialmente interesante la variedad del repertorio de sus motivos: zarcillos entrelazados, pámpanos, brotes, pencas, etcétera.

 
De entre las cestas figuradas, destaca una en la que figuran ángeles de enormes alas en cada una de sus caras, otro similar a base de aves y, sobre todo, una curiosa escena de caza en la que cuadrúpedos (seguramente cánidos) acechan a un rebaño de ovejas que pasta tranquilamente. No es para nada casual que esta cesta fuese ubicada justo frente a lo que era la puerta del refectorio de monjes, quizás como exhortación contra el pecado de la gula.
 
En la panda occidental, como en sus contiguas, predominan igualmente los capiteles vegetales, todos ellos de gran calidad y variedad en sus diseños. Junto a ellas, se aprecian otras escenas como aves enfrentadas picoteando frutos, o la lucha entre un hombre y un león.
 
Una de las más enigmáticas composiciones del claustro de Sant Benet de Bages es la cesta en la que dos personajes -masculino y femenino- entrelazan sus manos mientras agarran respectivamente su capa y su sayón. En torno a ellos, otros personajes hacen sonar cuernos musicales y agitan palmas. Podría tratarse de una ceremonia matrimonial.

 
Por último, es la panda norte, la más próxima a los muros de la iglesia y a su puerta de acceso, la más fecunda en cuanto a la variedad iconográfica de sus capiteles.
 
Iniciando la lectura desde su extremo occidental, comienza la sucesión de capiteles con una composición en la que aves rapaces aprisionan a un cuadrúpedo y a otra ave de menor tamaño. A continuación, ocupando las dos cestas y pudiendo ser el preludio del capitel anterior, identificamos una escena de cetrería en la que varios hombres a caballo portan halcones prestos a la cacería.

 
Tras él, identificamos una Virgen con el Niño en compañía de San José apoyado en su cayado. Esta representación es prácticamente idéntica a otra existente en la panda sur. A continuación, de nuevo una enigmática escena en la que varios personajes aparecen aprisionados por lo que parece una serpiente, la cual muerde a uno de ellos.

En el resto de capiteles de la arquería septentrional predomina la temática vegetal, a excepción de una segunda representación de figuras sosteniendo palmas a modo de alas prácticamente idéntica a la ya descrita de la crujía oriental.

El claustro, que para la mayoría de especialistas se encuadraría cronológicamente en los años finales del siglo XII, se cubre en sus cuatro galerías mediante bóvedas de cañón, solucionándose los ángulos por medio de arcos de descarga que parten de las esquinas y rematan en capiteles.

Es en uno de estos capiteles, en el que por tercera vez en todo el claustro de Sant Benet encontramos una representación de la Sagrada Familia, donde aparece una inscripción en la que puede leerse "conditor operis vocabatur Bernad", siendo identificado este nombre de Bernardo con el del autor, o al menos uno de los artífices principales, de los capiteles del claustro.

 
                           (Autor del texto del artículo/colaborador de ARTEGUIAS:
                                                                                          José Manuel Tomé)

sábado, 26 de julio de 2014

Monasterio de Santa María de Armenteira. Galicia.



Historia de los inicios del Monasterio de Santa María de Armenteira

El primer cenobio debió ser fundado por el célebre abad San Ero en el año 1150. Este personaje es protagonista de una famosa leyenda en Galicia, según la cual estuvo escuchando embelesado cantar a un pajarillo durante trescientos años tras rogarle a la Virgen que le mostrase cómo era el Paraíso. Esta historia se recoge en las Cantigas de Alfonso X el Sabio.


 
Ubicación

Armenteira se encuentra  en una de la laderas repletas de pinos  del monte Castrove, en el Concello de Meis, Pontevedra.

El Monasterio

Tras la fundación original a mitad del siglo XII, paso rápidamente a pertenecer a la Orden Cisterciense, allá por  1162 denominándose Santa María de Armenteira y poco después se iniciarían las principales obras del monasterio, entre ellas la de la iglesia.

Actualmente se encuentra habitado por monjas cistercienses desde 1989. Se conserva en perfecto estado la iglesia. La muralla exterior y otras dependencias, aunque no medievales, como el claustro, del que luego nos ocuparemos.

La iglesia medieval

El templo es un gran edificio de tres naves y cabecera tripartita, con cúpula en el crucero (cosa poco frecuente en las iglesias gallegas) y gran fachada monumental.

En el templo se aprecia, tanto en la planta como en las bóvedas, un mayor apego a las formas románicas que otros monasterios cistercienses más tardíos.

Lo que también denota este templo es que a su magnífica calidad arquitectónica, sus constructores le sumaron deliberadamente una total desnudez ornamental. En esta iglesia no hay concesiones para las “redondeles” románicas. Todo son aristas vivas, prescindiendo de las columnas de los pilares de los interiores y de la cabecera y reemplazándolas por pilastras prismáticas. En ese mismo sentido, no existe ningún relieve figurado, pues sólo se tallaron capiteles –vegetales- en la puerta y los canecillos son anacelados.



Todo un paradigma del rigorismo cisterciense y su obediencia a las normas de San Bernardo de no “interferir” con distracciones ornamentales en la oración y meditación de los monjes.

Las naves

Las tres naves de la iglesia de Armenteira tienen cinco tramos y se separan mediante arcos apuntados que se apoyan en pilares cruciformes con pilastras adosadas.

Las bóvedas de la nave central y el transepto son de medio cañón apuntado.

Las de las naves laterales son de arista.

Como vemos, todavía no se han introducido las bóvedas de crucería muy usadas en las iglesias cistercienses de las últimas décadas del siglo XII, lo que denota que es un edificio cronológica y estillísticamente propio todavía del románico.

El cimborrio y su cúpula

El cimborrio de Santa María de Armenteira es bastante particular y poco frecuente en Galicia como próximamente analizaremos. Se yergue sobre el crucero o intersección entre la nave central y el transepto y sirve como linterna de iluminación al corazón de la iglesia mediante sus cuatro ventanales.

Este cimborrio prismático al exterior se aboveda interiormente por su correspondiente cúpula.

Sobre los arcos torales del crucero que forman un cuadrado se alza la cúpula mediante trompas para convertir su base en un octógono.



Lo más particular es que dicha cúpula se apoya en dos pares de arcos paralelos dos a dos que no se unen en su centro sino que forman un cuadrado. Este sistema es deudor de las cúpulas cordobesas aunque también se usan en otras iglesias románicas españolas como algunas segovianas (San Millán y Vera Cruz). La diferencia estriba en que, se añadieron en Armenteira cuatro nervios que parten desde las trompas a los puntos de intersección de los arcos antes citados.

Cabecera

De monumentales proporciones, la cabecera es un conjunto noble y austero formado por tres ábsides escalonados.



El gran tamaño de estos ábsides y la sillería granítica –prácticamente isódoma- ofrecen un aspecto masivo, casi militar. A ello no es ajeno que los artífices desestimaran las columnas y colocasen anchos contrafuertes en el ábside central. Además, los vanos de iluminación no llevan columnas ni molduras sino el simple abocinamiento para la entrada de la luz. Los canecillos son de perfil de nacela.

Interiormente, los tramos rectos presbiteriales tienen bóveda de medio cañón apuntado y de horno o cuarto de esfera los hemiciclos absidales.

La fachada

Dentro de la calada austeridad de la iglesia de Santa María de Armenteira, la fachada es la parte más “delicada” del templo. El hastial se encuentra dividida en tres calles por dos grandes contrafuertes escalonados unidos por tefaroz. En la calle central se abre una gran portada con seis arquivoltas de medio punto muy amplias que caen sobre pares de columnillas. Estas arquivoltas se encuentran abovedadas y llevan línea de ajedrezado. La última se decora con angrelado y el guardapolvos es también ajedrezado.

Los capiteles de estas columnas muestran hojas con bolas en los extremos.

Por encima, un magnífico rosetón calado ilumina la nave central. Muestra varios juegos concéntricos de vanos lobulados radiales de intención solar, como intentando subrayar la funcionalidad de estos óculos de captación de la luz vespertina.

En los lados de la fachada se abrieron dos puertas más –una oculta- para comunicar directamente el exterior con las naves laterales.


El claustro

El claustro actual es un conjunto construido entre 1575 y 1778 y se encuentra adosado a la iglesia a su costado meridional.

Es de forma cuadrada, de muy austera estampa y tiene dos plantas. Las pandas del piso bajo son básicamente renacentistas y se construyeron desde la citada fachada de inicio hasta 1677.


Las bóvedas de esta planta inferior son de crucería (resabios góticos en plenos siglos XVI y XVII) y son de variada complejidad según en la panda en que nos encontremos. La comunicación de los pasillos con el patio se hace mediante grandes arcos de medio punto.

El segundo piso es neoclásico, más austero, si cabe, que el inferior. Sólo se decora con triples pilastras y ventanales salteados.



Otras partes interesantes son la escalera monumental en el lado oeste del claustro y la cocina del siglo XVIII.

 

     

jueves, 17 de julio de 2014

Monasterio de Santa María de Oseira. Galicia



 

El Monasterio cisterciense de Santa María de Oseira se cuenta entre los grandes monumentos de Galicia. Algunos, por su magnificencia lo denominan “el escorial Gallego”.

Este monasterio, originario del siglo XII, está situado en la provincia de Ourense, en el concello de Cea.


La historia de este cenobio es verdaderamente interesante. Y es que fue la primera fundación de Císter en Galicia.

Ya antes había un monasterio fundado por unos poco eremitas. En 1141 decidieron seguir la Regla Cisterciense y llegaron nuevos monjes desde el propio Claraval.
 
Así el Monasterio de Oseira se convierte en emblema del Císter en tierras gallegas, semilla, que como sabemos, se propagaría en numerosos lugares en Galicia.
 
La iglesia no se iniciaría mucho más tarde siendo  consagrada en el año 1239.



Fueron estos siglos, el XII y XIII,  los de mayor esplendor de Oseira, que empezó a decaer en el XIV.

En el siglo XVI, el Monasterio de Oreira entra en la Congregación Cisterciense de Castilla, comenzando un nuevo período de florecimiento que trajo la renovación artística, impulsora de las obras llevadas a cabo durante los siglos XVI, XVII y XVIII.

Con la exclaustración provocada por la Desamortización de Mendizábal en el siglo XIX, el conjunto románico es abandonado y con ello comienza una progresiva ruina de su arquitectura y el expolio de sus obras de arte muebles.

En el siglo XX vuelven los monjes a Oseira y se emprende una titánica y exitosa labor de restauración y recuperación de este complejo monacal, recuperando el brillo de lo que fuera y es uno de los más famosos ejemplos de arquitectura religiosa española.

 Tiene este monasterio, entre otras muchas dependencias, una extraordinaria iglesia románica, tres claustros de distinta época y estilo y una sala capitular de gran vistosidad.

La iglesia románica tiene planta de cruz latina con tres naves y crucero. Las naves están separadas por pilares con columnas embebidas. La bóveda de la nave central es de cañón apuntado fajones. Los ventanales de medio punto se abren en el arranque de la bóveda. La cabecera imitaba a la de Santiago con girola y capillas aunque hoy están muy alteradas las originales. Sobresale la belleza del presbiterio con una colección de columnas sosteniendo el muro de cierre, como en Moreruela.



En el siglo XIII se construyó un cimborrio con cúpula sobre pechinas en el crucero.

Como era preceptivo en las iglesias cistercienses, la decoración escultórica es prácticamente nula. Esta escasez ornamental parece engrandecer su monumentalidad arquitectónica.

En el siglo XVI se transformó la fachada principal y se replanteó en estilo renacentista, con sillería almohadillada y frontispicio, amén de otros ornatos y esculturas clasicistas.



Al lado meridional de esta fachada de la iglesia y perpendicular a ella, encontramos otra grandiosa fachada, en este caso barroca de influencia compostelana, la del conjunto residencial del monasterio.

Tiene el Monasterio de Oseira, como decíamos, nada menos que tres claustros. El de la Portería. El Procesional y de los Pináculos.

El claustro procesional destaca por las efigies situadas en las arquerías y que representan rostros de personajes históricos.  

La antigua sala capitular es obra del siglo XV y es el elemento más pintoresco del monasterio. Construida sobre planteamientos tardogóticos, es un espacio abovedado por complicadas bóvedas estrelladas, cuyos nervios arrancan de imaginativas columnas estriadas. Estos soportes palmeriformes que se abren en infinidad de nervios, como si fueran ramas de palmera, nos trae al recuerdo los soportes de la lejana lonja de Valencia, también de fecha semejante.

 

miércoles, 25 de junio de 2014

Monasterio de Santa María de Santa Cruz de la Serós. Aragón





Introducción

En pleno corazón del Alto Aragón, la pequeña localidad de San Cruz de la Serós se ubica a escasos 15 kilómetros de la ciudad de Jaca, constituyéndose, como si de su antesala se tratase, en paso obligado para llegar al histórico Monasterio de San Juan de la Peña, germen del primitivo Reino de Aragón y, como no podía ser de otra forma tal y como veremos a continuación, de la propia población de Santa  Cruz.

 
Pese a que en la actualidad Santa Cruz de la Serós, con sus apenas 200 habitantes, no deja de ser una más de las minúsculas poblaciones que jalonan las sierras prepirenaicas, puede enorgullecerse de poseer una dilatadísima historia además de contar con dos monumentos de primer orden: la iglesia (antiguo monasterio) de Santa María y la iglesia de San Caprasio.



El propio topónimo “Serós”, apócope de  “Sorores” (hermanas), muestra bien a las claras la importancia que tuvo en el desarrollo de la localidad la comunidad femenina que, como abordaremos en las próximas líneas, se estableció en este bellísimo enclave altoaragonés en fechas altomedievales.
 
Una aproximación histórica
 
Pese a que la tradición, apoyándose en fuentes del todo imprecisas, ha venido señalado que el origen de Santa María de Santa Cruz de la Serós se remontaría a las últimas décadas del siglo X (992), en tiempos del monarca navarro Sancho Garcés II; recientes estudios han acabado por desmentir dicha teoría, retrasando la más que posible fundación de una primera comunidad monástica en la localidad hasta la primera mitad de la undécima centuria.  

De este modo, parece probado que los orígenes verdaderos del Monasterio de Santa María de Santa Cruz de la Serós se remontarían hacia, aproximadamente, el año 1025 cuando, con motivo de la refundación e implantación de la orden benedictina en el vecino monasterio de San Juan de la Peña por Sancho III el Mayor, el cenobio pinatence, hasta entonces dúplice, pasase a ser morado exclusivamente por monjes, debiendo entonces trasladarse la rama femenina al actual Santa Cruz, donde sería erigida una primera iglesia de nave rectangular y testero recto cuya existencia ha podido ser atestiguada gracias a una campaña de excavaciones acometidas en 1991.
 

 
Durante la segunda mitad del siglo XI el rey Ramiro I mandaría edificar una nueva iglesia dotada de todos sus equipamientos monásticos propios, ingresando en él como religiosa, en 1059, la menor de sus hijas: la Infanta Doña Urraca.

Sin embargo, el primer momento de esplendor de la comunidad femenina de Santa María de Santa Cruz de la Serós llegaría entre 1065 y 1070 cuando, tras enviudar del conde Ermengol III de Urgell (fallecido según algunas crónicas en lucha contra los musulmanes en un lugar indeterminado entre Monzón y Barbastro), la Condesa Doña Sancha, también hija del rey Ramiro I, ingresa en la comunidad, siendo al poco tiempo nombrada abadesa.

 
Poco tiempo después, también tras enviudar de un conde provenzal llamado Bertrand, ingresaría en el monasterio una tercera hija del rey Ramiro de nombre Teresa, convirtiéndose de este modo el cenobio de Santa Cruz de la Serós en destino de numerosas damas cortesanas y de alta alcurnia de la época que tomaban hábitos y, por lo tanto, en objetos de innumerables y generosísimas donaciones tanto por parte de la Corona, como de los distintos linajes nobiliarios aragoneses.
 
Durante el abadiato de la Condesa Doña Sancha, mujer de enorme influencia política durante las últimas décadas del siglo XI merced a su relación de enorme proximidad y confianza con hermano, el rey Sancho Ramírez; el monasterio de Santa Cruz de la Serós alcanzó sus mayores cotas de poder gracias a las riquezas que fue acumulando tanto en forma de donaciones como de heredades, hasta el punto de que llegó a decirse que, buena parte de la financiación de las campañas bélicas de la Corona aragonesa, procedía de las riquezas que proveía el monasterio santacrucero a través de sus extensos dominios.
 
En 1097 fallecería la Condesa Sancha, siendo enterrada en el fabuloso y célebre sarcófago en el que después nos detendremos y que, desde el propio monasterio de Santa María de Santa Cruz de la Serós, fue trasladado al Convento de las Benitas de Jaca, donde se conserva hoy en día.
 


Durante los siglos XII y XIII, al igual que ocurriría con su vecino de San Juan de la Peña, el monasterio de la Serós iría perdiendo su influencia dentro de los contextos políticos de la Corona de Aragón una vez que los límites geográficos de esta, tras distintas y exitosas campañas contra los musulmanes, habían alcanzado la ciudad de Zaragoza y rebasado, incluso, la propia línea del Ebro.
 
La comunidad permaneció en Santa Cruz hasta el 1 de julio de 1555, fecha en que, por orden de Felipe II, el cenobio fue exclaustrado y sus religiosas trasladadas a Jaca. A  partir de ese momento, salvo la iglesia, que pasaría a detentar la función de parroquia de la localidad, ya obsoletas (claustro, refectorio, capítulo), irían desapareciendo al ser progresivamente abandonadas y aprovechados sus materiales para construcción de viviendas en la zona.
 

 
La iglesia de Santa María de Santa Cruz de la Serós sería declarada Monumento Nacional en noviembre de 1931, siendo objeto, ya durante los años 90 del siglo XX, de una profusa restauración consistente en rehabilitar la torre, consolidar la fábrica, desprenderla de aditamentos tardíos y acometer en ella varias prospecciones arqueológicas para tratar de profundizar en sus orígenes y en su historia.
 
Tras una última intervención de consolidación en 2004, el 25 de mayo de 2005 fue declarada Bien de Interés Cultural.
 
La iglesia de Santa María
 
Lo primero que llama la atención al encuentro con la iglesia de Santa María de Santa Cruz de la Serós es, pese a ser un templo de un tamaño medio, la tendencia a la verticalidad que le confiere al conjunto su soberbia torre campanario y la misteriosa estancia levantada sobre el falso crucero, en la cual, nos detendremos más adelante.



Presenta la iglesia una planta de cruz latina engendrada a partir de una solo nave rectangular de dos tramos desiguales, un falso crucero propiciado por dos capillas laterales abiertas a cada uno de los dos costados de la nave, y un ábside cabecero semicircular precedido por un breve tramo recto presbiterial.



Resulta curioso el hecho de que esas dos capillas que generan el crucero, quedan rematadas en su muro oriental por sendos nichos a modo de minúsculas absidiolas semicirculares cubiertas con cuartos de esfera que, al exterior, presentan remate plano sobresaliendo ligerísimamente del muro, hasta el punto de que, de no ser por sus mínimos vanos, darían la apariencia de ser simples contrafuertes de refuerzo.
 

 
Queda cubierta la nave mediante una bóveda de cañón reforzada por dos arcos fajones de medio punto doblados que descansan sobre columnillas adosadas a pilastras y rematadas en capiteles figurados. A lo largo de toda la nave, justo a la altura del arranque de las bóvedas, discurre una imposta horizontal que, incluso, se prolonga por las capillas laterales y la cabecera.
 

 
Mientras que el ábsaide central cabecero presenta una bóveda de horno presidida del mencionado tramo recto cubierto con bóveda de medio cañón; las capillas laterales que definen el crucero resuelven sus cubiertas mediante sencillas soluciones a base de dos nervios que cruzan justo en el centro geométrico de la bóveda.
 
Tanto el arco triunfal de acceso al presbiterio, como los que abren a las capillas laterales disponen roscas de medio punto trasdosadas por la omnipresente moldura ajedrezada, también denominada de “taqueado jaqués”.
 
Pese a que en planta el edificio presenta la prototípica morfología de cruz latina y que al exterior llama poderosamente la tención tanto el juego de volúmenes como su verticalidad, una vez rebasado el umbral de la puerta, el visitante queda con la sensación de encontrarse ante un modesto edificio de una sola nave rematada en un único ábside semicircular, como tantos templos rurales existen en el románico español.


 
Este singular “efecto” viene motivado por el hecho de que el transepto, lejos de quedar resaltado, bien en alzado o bien mediante la erección de un cimborrio o de una cúpula, apenas se manifiesta al interior; no siendo apreciable desde dentro, en ningún caso,  el potente volumen que, al exterior, corona el tramo crucero adosado a la torre. Este elemento hace de Santa María de Santa Cruz de la Serós un edificio prácticamente único y de primer orden dentro del románico español.
 
Esta cámara secreta e independiente, accesible en origen tan solo mediante escaleras portátiles de madera desde un vano en altura abierto en el parámetro norte de la nave, ha suscitado, entre especialistas y estudiosos, numerosas teorías acerca de su posible funcionalidad; identificándose como una cámara en la que resguardar el tesoro litúrgico, como un posible lugar de refugio para la comunidad en caso de ser atacada o, incluso, más recientemente, como una “galilea” o capilla en altura.
 
El habitáculo, de apariencia cuadrangular al exterior, se torna octogonal al interior merced a unas exedras angulares que, a modo de trompas (manifestadas al exterior mediante volúmenes esquineros prismáticos), permiten que una superficie cuadrada quede rematada en ochavo, abovedándose el espacio mediante una solución nervada cuyos nervios, tras cruzarse en el centro, van a descansar sobre columnas rematadas en capiteles dispuestas en el centro de cada uno de los cuatro lados principales.
 
 
La torre, de porte monumental y considerablemente desproporcionada respecto al conjunto del templo, se dispone sobre la capilla lateral sur que da lugar al brazo meridional del crucero, quedando unida y comunicada con la recién tratada cámara superior secreta mediante un pequeño vano adintelado.
 
Presenta planta cuadrangular y se eleva en tres cuerpos en altura definidos, en cada uno de sus frentes, por otros tantos registros de vanos geminados de maineles cilíndricos, quedando coronada la rotunda estructura prismática mediante un remate octogonal.
 
Hacia el centro de la nave en el muro sur del templo abre una pequeña portadita de vano adinterado en la que, abrazado por un guardapolvo ajedrezado de medio punto, se despliega un tímpano presidido por un crismón compuesto por una rueda de seis radios entre rosetas; pudiendo adivinarse en él mínimas incisiones con los caracteres “x, “p”, “a” y “w”. Muy probablemente, en origen esta puerta fuera la que daría acceso desde el templo al desaparecido claustro.
 
Mucho más interesante es la portada principal, habilitada a los pies de la iglesia en un cuerpo en  resalte o arimez bajo un tejaroz sostenido por canecillos figurados. Se compone, bajo una moldura ajedrezada a modo de guardapolvo, de cuatro arquivoltas de medio punto abocinadas que apean alternativamente sobre pilares y columnas, quedando rematadas estas últimas en cipiteles vegetales y figurativo.

El elemento más interesante de la portada occidental es, sin lugar a dudas, su tímpano, en el cual, dos leones de feroz aspecto, uno de ellos sobre un motivo floral, flanquean un crismón trinitario en el que resulta curioso como, a excepción del símbolo “Rho” (P), que aparece en su prototípico lugar, el resto de caracteres como el Alfa y el Omega se sitúan desplazados respecto a la posición en la que suelen aparecer.
 

 
Todo el diámetro del círculo del crismón queda recorrido por una inscripción cuya vendrían a ser la siguiente: “Yo soy la puerta de entrada: pasad por mi fieles. Yo soy la fuente de la vida: tenéis sed de mí que de vino, vosotros que penetráis en este bienaventurado templo de la Virgen”.
 
Una segunda inscripción, justo en el borde inferior del crismón y al pié de los leones reza lo siguiente: “Corrígete primero para que puedas invocar a Cristo”.
 
Para muchos especialistas, este crismón de la portada occidental de Santa María de Santa Cruz de la Serós venía siendo interpretado como una copia o versión del existente en la Catedral de Jaca, sin embargo, recientes estudios, entre los que destacan los de Francisco Matarredonda o Juan Antonio Olañeta, han concluido, basándose en la propia morfología del crismón, que el del antiguo monasterio de la Serós, cuya creación sitúan hacia 1090, vendría a ser más antiguo que el existente en la seo jacetana, el cual, encuadran en una fecha próxima a 1115.
 

 
En canto a la escultura monumental presente en el edificio, amén de la ya comentada en sus portadas, destacan los capiteles de las dos grandes columnas adosadas que dividen en tres paños el muro absidal al exterior, siendo perfectamente reconocible en uno de ellos el pasaje de Daniel en el foso de los leones. También encontramos figurados al interior, tanto coronando las columnas que sostienen los arcos fajones de la nave, como en la cámara secreta sobre el crucero.
 



 
Capítulo aparte merece la colección de canecillos del alero que, si bien algunos de ellos no son figurados, otros muchos nos ofrecen un repertorio humano y, sobre todo, animalístico muy interesante: leones, mono, peces, bóvidos, así como otros seres pertenecientes al bestiario fantástico.

 
En todo el conjunto eclesial se advierte el trabajo de varias manos, entre ellas concretamente en un capitel decorado con el tema de la Anunciación de la cámara superior, la del conocido como Maestro de Doña Sancha, artífice del famoso sepulcro y de algún capitel de la propia Catedral de Jaca.
 
La visita a Santa Cruz de la Serós tiene su lógica extensión a dos lugares de importancia capital para románico. El primero es el conjunto monumental de Jaca, donde son de obligada visita su catedral, el Museo Diocesano y algunas iglesias y ermitas más, donde se conservan importantes piezas románicas como el citado Sepulcro de Doña Sancha o un capitel del Maestro Esteban



El segundo es el Monasterio de San Juan de la Peña, a pocos kilómetros de distancia y accesible por una montaraz carreterita que comunica el propio  Santa Cruz de la Serós con este histórico cenobio aragonés.

 

 
 
 
 
 
 
 
 














 
 
 
 
 
 
 











 

jueves, 29 de mayo de 2014

Monasterio de Leyre. Navarra



El de Leyre es un monasterio milenario que llegó a ser uno de los más importantes de la España reconquistada y corazón espiritual del Reino de Pamplona.



Se sabe que existía un monasterio en el siglo IX que fue destruido por los musulmanes. Luego, a comienzos del XI fue reconstruido y se sabe de una primer consagración de la iglesia a mediados de ese siglo. Las obras debieron proseguir hasta el siglo XII. Más tarde, en el siglo XIV sufrió una abrupta ampliación gótica de las naves por los monjes cistercienses que lo habitaron a partir del XIII.


 
Tras la eliminación de las naves románicas y su sustitución por las góticas, de estilo románico perdura básicamente la enorme cabecera triabsidal –que incluye la cripta- y la puerta occidental.



De la primera campaña románica de Leyre data su cabecera, de altísimos ábsides que engloban, en su parte baja, la cripta.



Aunque no hay concesiones escultóricas en ella (carece de ventanas decoradas o de columnas) es magnífica su fábrica, realizada con grandísimos sillares de color cálido perfectamente aparejados.


La cripta es uno de los más sugestivos lugares del románico español. Sus bóvedas de medio cañón se refuerzan con arcos fajones de arco de medio punto muy peraltados que, a su vez, son soportados por columnas de corto fuste y grandes capiteles.

La portada occidental, denominada Porta Speciosa ya es del siglo XII, aunque debió sufrir una importante intervención posteriormente y se sumaron esculturas de otros lugares de la iglesia, al estilo de la puerta de las Platerías de Santiago.

Esto hace que la riqueza escultórica de la Porta Speciosa del Monasterio de Leyre sea verdaderamente espectacular.

La portada tiene cinco arquivoltas de medio punto que rodean un tímpano esculpido soportado por una columna parteluz. Este tímpano llevaba siete estatuas, de las que se reconocen a Cristo, María, San Pedro y San Juan y algunos apóstoles.


Todas las arquivoltas están decoradas figurativamente así como las enjutas y el friso superior.

Aunque se ha estimado la intervención de tres talleres distintos como protagonistas de esta magna puerta del Monasterio de Leyre, (incluyéndole taller del Maestro Esteban) en toda ella se aprecia manos expertas que esparcen por todo el conjunto infinidad de esculturas de exquisita finura.












El visitante puede perderse entre tanta riqueza por lo que es recomendable una ojeada detenida y aislando los elementos escultóricos uno a uno, que por la recombinación posterior citada no tienen necesariamente que tener que ligazón con las tallas próximas. 

 

sábado, 3 de mayo de 2014

Monasterio de Xunqueira de Espadañedo. Galicia





Xunqueira de Espadañedo es un municipio orensano del Ribeira Sacra conocido por su monasterio, el de Santa María, monumento nacional desde 1981.


 
El origen del Monasterio de Santa María de Xunqueira de Espadañedo hay que buscarlo en una fundación Agustina de mitad del siglo XII. Sin embargo, pocos años después pasa a formar parte de la Orden del Cister, tan potente en tierras de Galicia, en dependencia directa de  Montederramo . Éste es el momento en que se inicia la construcción del conjunto románico.

Tras reformas, construcciones y destrucciones llevadas a cabo en los más de 800 años de vida del cenobio lo que queda actualmente es una iglesia románica con fachada barrocaneoclásica, parte del gran claustro renacentista y otras dependencias menores del monasterio.

Tras la amortización de Mendizábal las dependencias monásticas de Xunqueira de Espadañedo pasaron a propiedad municipal y en él se han instalado algunos servicios y dependencias del ayuntamiento, como biblioteca, oficina de correos, centro de salud, etc.
 
El interés artístico de este monasterio se centra fundamentalmente en la iglesia y en el claustro citados. 

La iglesia románica

La iglesia es un templo de sillería berroqueña compuesta por tres naves y cabecera de tres ábsides semicirculares. Las  naves están separadas por pilares de sección cuadrada con medias columnas en sus frentes. Los arcos formeros son de medio punto y no existen bóvedas pétreas sino cubiertas de madera.

Los capiteles, siguiendo los preceptos cirstercienses, apenas están decorados, siendo en su mayoría casi lisos con alguna voluta o poma en su extremo superior.



El muro exterior del ábside central se encuentra parcialmente alterado. En origen tenía cuatro columnas adosadas –actualmente amputadas parcialmente- y se abrían ventanales románicos en los tres paños centrales. Actualmente, el ventanal central está perdido.

Los ábsides colaterales son mucho más bajos, también de semitambor, y solo dos columnas animan sus sobrios muros.

La fachada románica fue sustituida por otra que podríamos definir como a mitad de camino entre barroco y neoclásico. Está dispuesta con estructura de tres calles verticales muy sobrias. La central lleva pilastras en sus lados. Tanto la puerta como la ventana que se dispuso encima de ella son adinteladas. Encima se remata en frontón. Las calles laterales son más sencillas aún, con una pareja de ventanas superpuestas en el muro completamente liso.

Encima de este tímpano se  dispuso una pequeña y espigada torrecilla para las campanas de formas barrocas.

lunes, 31 de marzo de 2014

Monasterio de Dozón. Galicia



 
 
 
 
Monasterio fundado para mujeres a mitad de siglo XII. De esta fecha es su construcción.

De una sola nave, la cabecera es rematada en ábside semicircular con grandes ventanas y columnas.

Lo más destacable de este templo es la unidad de su construcción. Sillería granítica perfectamente escuadrada y ajustada y una gran riqueza de ventanas, columnas, contrafuertes, cornisas decoradas...

Parece como si el taller de constructores no se permitierán dejar muros vacíos y quisieran haber dotado a este monasterio de monjas un delicado y alegre rítmo constructivo.